domingo, 3 de mayo de 2015

BULGARIA EN INVIERNO - Monasterio de Glozhene y Cuevas Prohodna

         9 de Enero de 2015




         Primera sorpresa de la mañana. Queremos salir del hotel y estamos encerrados. No hay recepcionista, no hay nadie en el bar y la puerta está cerrada con llave. Después de dar muchas vueltas y hasta tantear una ventana descubrimos una puerta trasera y podemos escapar.
         Segunda sorpresa de la mañana. La rampa de salida del parking es un bloque de hielo. Tras varios resbalones, algún empujón y la certeza de que al final terminaremos rayándolo contra los muros, conseguimos salir con el coche indemne. Ahora sí, ponemos rumbo al recóndito Monasterio de Glozhene.

Río al fondo del Hotel Fedora


         A pocos kilómetros de Ribaritsa desayunamos en una preciosa mejana unas banitsas y café con leche tipo expreso.
         Siguiendo la carretera 358 rodeando una cadena montañosa conseguimos encontrar el camino que sube al monasterio. La experiencia es increíble, pero dudo que la repitiésemos. Una carretera estrecha, cubierta de nieve, congelada por tramos, que de un lado ofrece una pared escarpada y del otro un precipicio del que no se ve el fondo. Subimos continuamente acelerando porque frenar supone que el coche comience a deslizarse hacia atrás, carretera abajo.



         Con el susto en el cuerpo llegamos para descubrir que la aventura merece la pena.
         El enclave es inmejorable. El monasterio se alza en la cima de la montaña junto a una garganta. Las vistas son espectaculares.

Vistas desde el monasterio


         Construido en piedra y madera en el siglo XIII, es un monasterio ortodoxo sencillo, aunque dentro de la iglesia, como es habitual, nos encontramos con preciosos frescos pintados en paredes y techos. No encontramos un alma, salvo un gato que a la puerta del monasterio sale a recibirnos y nos acompaña durante todo el camino. Recorremos los patios interiores, entramos a la iglesia, no hacemos allí fotografías porque hay un cartel que lo prohíbe a la puerta, pero no hay nadie vigilando. La tienda de suvenirs, con innumerables objetos de regalo y las habituales velas hechas a mano, tiene los precios puestos en cada artículo y una caja con monedas para que tú mismo te cobres. Pensamos en encender alguna vela, puesto que no había ninguna encendida dentro del templo, pero no somos capaces de encontrar ni cerillas de un encendedor. A forma de colaboración compramos un pequeño librito de oraciones y seguimos camino. A la salida el gato nos acompaña hasta el coche.



         Tras un descenso mucho más sencillo nos ponemos camino de Prohodna, el punto más al norte del país que visitaremos.
         La llegada a la zona resulta dificultosa por el estado de la carretera, la peor que recorrimos en todo el viaje. Pero una vez allí lo verdaderamente complicado es encontrar la entrada a las cuevas. Ninguna guía ni blog de viajes menciona estas cuevas. Las encontramos por casualidad en una página de turismo natural de Bulgaria.
         Se encuentran cerca del pueblo de Karlukovo, y aunque allí nos indican (en búlgaro) cómo llegar, no existe ninguna señalización ni nada que haga suponer por dónde se accede a ellas.
         Tercera sorpresa del día: el coche huele como en las bodegas que visitamos en Melnik. Tras comprobar que esa zona no es vitivinícola abrimos el maletero. Oh, sorpresa. El vino que habíamos comprado se ha congelado en la noche anterior y el tapón de una de las botellas ha saltado. Por más que limpiamos y secamos con pañuelos y servilletas de papel devolveremos el coche con olor a vino. ¡Qué pensarán en Enterprice!

Intentando, sin éxito, quitar el olor a vino


         Finalmente, hambrientos y descartando la posibilidad de verlas, paramos a comer en un hotel restaurante que igual que el monasterio parece abandonado. Tenemos que bajar dos pisos siguiendo el sonido de una radio para encontrar a la recepcionista, el cocinero y el camarero sentados a una mesa conversando. Tras confirmarnos que está abierto nos atienden de una forma impecable y nos sirven una comida exquisita. El hotel se recuesta a la montaña utilizando las paredes de la misma como parte de su construcción y decoración. Las vistas son preciosas.

Vistas del Hotel


         Al salir, y por pura casualidad, descubrimos un pequeño cartel en búlgaro que indica el camino a las cuevas. 

Literalmente: "Cuevas Prohodna p'allá"


          Nos ponemos en camino. El recorrido es una mezcla de espinas, alguna subida dificultosa entre rocas, barro y nieve. Durante el camino oímos fuertes ruidos que parecen explosiones o disparos. Pensamos que nos hemos metido en una zona de caza. Tras media hora avistamos la entrada de la cueva.

Entrada a la cueva


         Se trata de una caverna muy amplia, con entrada y salida a cada uno de los lados de la montaña. Es conocida por dos aberturas que tiene en el techo que mantienen la cueva iluminada. A esos agujeros se les llama “los Ojos de Dios”.

Los Ojos de Dios



         Una vez dentro nos damos cuenta que el techo está completamente cubierto de carámbanos, que con el calor de estos días se están derritiendo. En consecuencia, cada pocos minutos cae alguno del techo. Los más grandes producen un ruido infernal que es lo que creímos eran disparos. Hacemos el recorrido con muchísimo cuidado, puesto que algunas de ellas son enormes, y un golpe podría resultar fatal. Mi madre se pasea por el lugar con los guantes de nieve sobre la cabeza, como si pudieran amortiguar tamaño golpe JJ

Fragmento de un carámbano



Mañana volveremos a Sofía y visitaremos, antes de volar a casa
el Museo de arte socialista

BULGARIA EN INVIERNO - Camino de Ribaritsa

8 de Enero de 2015




     Hoy partimos hacia el oeste en dirección a Ribaritsa, una muy pequeña población sin ningún atractivo más que el entorno natural. En realidad Ribaritsa será nuestro "campamento base". Desde ahí mañana saldremos hacia dos puntos de difícil acceso: primero, la subida de vértigo al monasterio de Glozhene por un camino nevado de montaña entre precipicios y segundo senderismo entre hielo y barro hacia la cueva de Prohodna, siendo éste el punto más al norte que conoceremos. 



     Sorpresa mañanera: el coche completamente congelado. Inexpertos en estas lides ni habíamos protegido el parabrisas (allí la gente los cubre con mantas, cartones, etc.) ni habíamos limpiado la nieve y el barro que se acumulan entre las ruedas y el guardabarros.       En consecuencia el coche parecía un cubito de hielo gigante y compacto que no podíamos ni mover. Con el coche encendido, la calefacción puesta y la ayuda de un palo para las ruedas y una tarjeta de crédito para el parabrisas tardamos unos 50 minutos en poder salir. Cuando nos pusimos en marcha el termómetro fijaba -16ºC ¿¡A cuánto habrá llegado en la madrugada!? 



     Hacemos todo el camino por carreteras secundarias, espectaculares pero sumamente lentas a causa de las nevadas y el hielo. 
     A mitad del día paramos en el pueblo de Troyan con la intención de visitar su mona-sterio, el tercero más grande del país. Se trata de una edificación blanca con vigas de madera que rodea una iglesia del siglo XVI. En un ala se encuentra el “Museo del Escondite”. Vasil Levski, héroe de la Independencia, se escondió de la policía otomana en un armario en el monasterio. Este lugar se puede visitar aunque por desgracia ahora está cerrado. 

Monasterio de Troyan


     Tras otro trayecto en coche llegamos a Ribaritsa. Creíamos que Ribaritsa eran cuatro casas alrededor de una carretera, porque era lo que habíamos visto en GoogleMaps. Sin embargo nos encontramos con una población que se extiende a los lados de la carretera, bordeando el río, a lo largo de 8 kilómetros. 



     Casi al final del pueblo nos encontramos con el Hotel Fedora, una casa acogedora de dos plantas, anclada en un paraje incomparable justo al lado del río. El personal nos atiende de forma amable, accediendo incluso a cambiarnos euros a levas a buen precio. La recepcionista incluso nos acompañó a la habitación, nos trajo un calefactor portátil por si la calefacción no fuera suficiente y chapurreó un poco de español. 
     La única pega que le encontramos fue la decoración. Una amalgama de cabezas de animales colgadas, desde ciervos y osos hasta pequeños felinos disecados. En la puerta nos recibía un mono disecado. Incluso el lapicero que usaba la recepcionista estaba fabricado en una pata de elefante. De haberlo sabido habríamos elegido otro hotel. 




BULGARIA EN INVIERNO - Tryavna

7 de Enero de 2015



Cuando nos levantamos la nieve ya cubre hasta el último rincón del pueblo. Miramos por las ventana y vemos el coche, que hoy no vamos a coger, completamente blanco en el parking. 



Bajamos a desayunar al restaurante del hotel, una lujosa reminiscencia de época comunista, un lugar amplísimo, con un ambiente muy acogedor, en madera, con mobiliario macizo, con grandes ventanales con vistas al pueblo y con una fina decoración navideña a base de copos de nieve y bailarinas de papel.
Bajamos por las calles nevadas hacia el centro del pueblo. De camino mi madre resbala y se cae. Mi padre, que venía tras nuestro, vino corriendo, armado con la cámara, para conseguir la ansiada foto. No pasó de ahí ;)

Aquí la susodicha foto


Tryavna es en sí un pueblo pequeño, y además de pasear por sus calles y comer en sus estupendas mejanas tiene un par de lugares de interés. El primero es el Museo de los Iconos, una amplia colección de pintura ortodoxa del siglo XIX que los entendidos afirman que es magnífica. Si te gusta el arte religioso no te puedes perder esta exposición de los doscientos pintores de iconos formados en esta población. Sin embargo, si por algo es conocida Tryavna es por ser el centro de del tallado de madera de Bulgaria. El pueblo en sí parece una obra maestra moldeada con este material. Es aquí donde aparece otra de las atracciones turísticas de Tryavna: sus casas museo.



Nosotros visitamos la Casa Daskalov, construida para Jristo Daskalov, mercader de aceite de rosa y seda. No hay mejor lugar para empaparse de la historia tallista del lugar. De las dos alas de la casa, una acoge una exposición de tallas e iconos, siendo las más notables lass pertenecientes a los reyes de la Bulgaria Medieval. 

Casa Daskalov


El otro ala está decorada como sería la casa en origen, y guarda una curiosa historia. Jristo Daskslov contrató al maestro tallista Dimitûr Oshasnetsa y a su más avanzado discípulo, Ivan Bochukovetsa. Ambos se sumergieron en una competición por la elaboración de los techos de dos habitaciones. Durante días no salieron de las mismas, mientras que fuera Daskalov y sus vecinos hacían apuestas sobre cuál sería la obra más bella. Finalmente se presentaron los resultados: Bochukovetsa realizó el Sol de Julio, que le ganó el título de maestro. 

Sol de Junio de Bochukovetsa


Sin embargo el ganador fue Oshanetsa, con su Sol de Mayo, que hizo que Daskalov le entregara a su hija en matrimonio.

Sol de Mayo de Oshanetsa


Saliendo de la casa nos encontramos con tres perros que se acercan muy amigables para que los acariciemos. Luego nos siguieron mientras paseamos al lado del río que da nombre al pueblo. Cruzándolo está la Plaza Dyado Nikola, con la Torre del Reloj a un lado y las Iglesia del Arcángel San Miguel. Sin embargo, el frío ya se siente mucho por lo que decidimos hacer algo muy búlgaro: parar a media mañana a tomar una sopa en una mejana: dos sopas y un café para mi vegetariana madre harta de sopa de legumbres, por 5lv.
Después paseamos por la calle Ángel Kunchev, la más transitada de Tryavna. No es muy larga, pero es un agradable paseo que cruza el puente que está al lado de la mejana Starata Kûshta. Tras cambiar algo de dinero en un banco regresamos a la Plaza Dyado Nikola para entrar a la Iglesia del Arcángel San Miguel.

Iglesia del Arcángel San Miguel


Bajando unas escaleras se llega a una humilde estancia de piedra y madera, que expone varios iconos y un iconostasio también de madera (obviamente). También acoge un Museo de Iconos que no visitamos (para quien le interese, la entrada es 1lv).
Frente a la iglesia está el Shkoloto, probablemente el lugar más curioso de Tryavna. Es un hermoso edificio que acogió en el siglo XIX una escuela. En torno a un patio con una fuente y una montaña de leña se encontraban las aulas y habitaciones. 

Entrando al Shkoloto


Hoy en día sólo hay una estancia que recrea una de las aulas antiguas, en la que se ven tres tipos de mesas que mostraban la evolución  en la forma de aprendizaje de la escritura de los alumnos: unas huecas que contenían arena, otras con lapiceros y otra con plumas y tinta. El alumno iba pasando por las distintas etapas hasta llegar a la más avanzada, la escritura con pluma y tinta. 

Aula y pupitres de escritura


Luego hay dos exposiciones, una de relojes antiguos y una magnífica galería con cuadros y esculturas de los hermanos Dimitûr y Nikola Kazakov. Si os atrae el arte tanto como a mí, y en especial el estilo entre cubista y abstracto de los cuadros y el naíf de las esculturas, no os lo podéis perder.
Tras comer en la mejana Starata Kûshta (¿la tercera ver que vais? Sí, id vosotros también y veréis por qué ;)) estuvimos dando vueltas por la ciudad hasta el atardecer. Intentamos ir a la casa-museo del escritor Petko Slaveykov (mi madre también lo es). Se suponía que cerraba a las 16:30 y juraría haber escuchado movimiento en su interior, pero por más que llamamos a la puerta nadie nos abrió. ¿Querrían salir antes y nosotros íbamos a molestarles a las 15:15? Quién sabe.

El resto de nuestro día no tuvo mayor interés: escribir en el diario de viaje, recontar el dinero gastado y preparar las maletas para el día siguiente.

Tryavna desde la terraza del hotel


¡Ribaritsa allá vamos!

BULGARIA EN INVIERNO - Rumbo a Tryavna

6 de Enero de 2015



         Desayunamos en la sala común. Cogemos el coche y, mapa en mano, ponemos rumbo a un nuevo destino: el pueblo de Tryavna. Salir de la ciudad no resulta fácil, pero tras una parada en una gasolinera para preguntar nos ponemos camino a Karlovo. A medida que vamos avanzando hacia el norte va reapareciendo nuevamente nieve. Así, cuando llegamos a Shipka está completamente nevado.



         Shipka es un pequeño pueblo en la falda de la montaña donde se libró una importante batalla en la Guerra de Independencia entre las tropas rusas y otomanas. Como resultado de este enfrentamiento se levantó la famosa Iglesia de Shipka, la iglesia rusa más grande de Bulgaria.

Iglesia Rusa entre los abetos


         Accedemos a la iglesia por una escalinata cubierta de nieve. A través de las copas de los árboles se puede entrever la belleza arquitectónica que nos espera. Una vez dentro, prácticamente solos, aprovechamos que es, previo pago, la única iglesia en la que nos dejarán hacer fotos.

Interior de la Iglesia Rusa


         Almorzamos en un restaurante que está justo enfrente y nos volvemos a poner en marcha. Comenzamos a subir por unas carreteras que serpenteaban entre árboles cubiertos de nieve. Algo más adelante en el camino hay una cafetería junto a una doble salida, ambas impracticables con el coche: una hacia la antigua sala de congresos comunista de la Buzludja, a 12 kilómetros de distancia; y otra hacia el Monumento de la Libertad a 1,5km. Obviamente descartamos la primera, por más interesante que nos parezca. Decidimos subir al monumento, pero no iba a ser tan fácil. Antes hay que subir 980 escalones (al menos fueron los que contamos).

 
Subida al Monumento a la Libertad


          Sin embargo la subida es espectacular y las vistas merecen la pena. El monumento es una torre flanqueada por leones y rodeada de una serie de esculturas de temática belicista. El viento es tan fuerte que la llama que se supone debía ser eterna está apagada. Es el lugar en el que pasamos más frío de todo el viaje sin duda.

Monumento a la Libertad


         Tras bajar no hubo más remedio que calentarnos el cuerpo con dos vodkas y un chocolate caliente en la cafetería. La nieve ya no desaparecería. Llegamos a Tryavna al anochecer. Para encontrar el hotel paramos a preguntar en una mejana llamada Starata Kûshta. Nos explican cómo llegar y tras instalarnos vamos a cenar a ese mismo lugar. No sería la última vez que iríamos.


Al siguiente día descubriremos un pueblo de postal: Tryavna 


BULGARIA EN INVIERNO - Plovdiv

5 de Enero de 2015



Tenemos sólo un día para conocer la joya de Bulgaria. Nos levantamos pronto y desayunamos en la salita habilitada para ello en nuestra planta. Hay una cafetera, calentador de agua y vajilla de sobra. Puedes hacer uso de todo lo que quieras siempre y cuando lo dejes limpio. A las 9:00, mapa en mano, comenzamos a patearnos la ciudad. En Plovdiv todavía no ha nevado, por lo que es mucho más fácil caminar por ella que por Sofía.

Jardín del Zar Simeón


Lo primero que hacemos es atravesar el Jardín del Zar Simeón, tras Ivan Vazov. Al otro lado, por la calle Todor Kableshkov, comienza la subida a la Colina Sajat, sobre la cual se encuentra la Torre del Reloj.  Desde allí se tienen unas de las mejores vistas de la ciudad. Tras bajar por la zona de la Iglesia Evangélica (cerrada hasta las 11:00), caminamos hasta el Estadio Romano. Descubierto bajo Knyaz Aleksandar, una de las calles más importantes del casco antiguo, sólo se puede ver un tramo bajo tierra. 

Estadio Romano bajo el bulevar Knyaz Aleksandar


Al lado de él está la maravillosa Mezquita Dzhumaya, uno de los lugares menos frecuentados por los turistas en Plovdiv y que, en mi opinión, debería ser de visita obligada. Unas escaleras en la calle Stoilov dan a una puerta cerrada. Delante, un hombre barre despreocupadamente. Le pregunto si se puede ver por dentro. "¡Se puede, se puede!", contesta mientras suelta la escoba y abre la puerta sólo para nosotros. Tras descalzarnos nos quedamos un rato, sentados en la alfombra, admirando la estancia.

Dentro de la Mezquita Dzhumaya


Tomamos un té frente a Dzhumaya mientras recordamos nuestra idílica visita a Turquía el verano de 2013. Luego, recorremos la calle Rakyo Daskalov hasta el Museo Arqueológico y el Monumento a la Unificación de Bulgaria con Rumelia, representado por una mujer alada sosteniendo una corona.
Dejamos atrás la Mezquita Imaret, completamente cerrada y aparentemente abandonada. En la calle 4 Yanuari me detengo con la cámara frente a la Iglesia de los Santos Kiril y Metodi. Un hombre sale por la puerta y me dice algo en búlgaro. Le pregunto si se puede pasar y me acompaña al interior. Allí hay dibujos en una sala de entrada. Hay escaleras y varias puertas. ¡Qué iglesia más rara!
Al ver mi cara el hombre comienza a hablarme en alemán, un idioma que chapurreo bastante mal pero lo suficiente como para entender que es una escuela. ¡La iglesia está justo en frente!

Iglesia de los Santos Kiril y Metodi


Los colores amarillos y blancos del edificio dan paso a una iglesia de dimensiones modestas, con el altar a la izquierda y a la derecha una especie de manto bordado expuesto, al que un guía que está con una pareja de argentinos da bastante importancia.
Cruzando por el paso subterráneo de 4 Yanuari se entra en la ciudad antigua, una telaraña de caminos adoquinados arriba y abajo. Cerca de la Casa Balabanov vemos un trozo de muralla bizantina que ahora es parte de la fachada de otras viviendas. Siguiendo por 4 Yanuari se llega al cruce de las calles Chomakov, Tsanko Lavrenov y Saborna. A un lado un enorme Punto de Información Turística, al otro, la Iglesia de San Konstantin y Santa Elena. Una torre blanca anuncia una iglesia de color azulado tras unos muros. Por todas partes murales, de los más bonitos que he visto en nuestro viaje.

Casco antiguo de Plovdiv


Saliendo, a mano derecha, está la Casa Kuyumdzhiogh, una hermosa mansión color azulado que acoge el Museo Etnográfico. 

Museo Etnográfico


Siguiendo calle arriba nos topamos con las ruinas de Nebet Tepe, la fortificación tracia. Si se considera Plovdiv la ciudad más antigua de Europa, el lugar que más años ha visto pasar aquí es Nebet Tepe, puesto que jamás ha dejado de haber vida en este lugar desde el Neolítico.

Nebet Tepe


Bajando por Tsanko Lavrenov cruzamos la Hisar Kapia.
Tras ver las ruinas de la  Puerta Este de Philippopol paramos a comer en el Restaurante Trapezitsa, frente a la Iglesia de Sveta Paraskeva (si pasáis por aquí no podéis perderos las vistas que se tienen subiendo las escaleras laterales de la iglesia) donde comemos estupendamente por sólo 8,5lv por persona.
Plovdiv tiene innumerables casas-museo y, personalmente, os recomiendo que visitéis al menos una. Sus entradas son muy baratas y no hay manera mejor de entender la vida en el Plovdiv del siglo XIX. Nosotros elegimos la Casa Georgiadi, cerca de Hisar Kapia. Se trata de una mansión erigida para un mercader griego en 1846. Tiene tres pisos: abajo expone diversas piezas sobre la época otomana, desde ropa hasta libros de texto en turco y un permiso del sultán para construir una iglesia ortodoxa en la zona; el resto trata sobre los tiempos de la Independencia (1877-1878), siendo el objeto más interesante una réplica de la campana que anunció el fallido Alzamiento de Abril de 1876.

Casa Georgiadi


Con el sol ya escondiéndose bajamos la calle Saborna hasta la Catedral de la Asunción, una inmensa edificación de color rosado que merece dedicarle un tiempo. No muy lejos de ahí, y al lado de la Academia de Música, se encuentra el Teatro Romano. Fue descubierto en la década de 1970 durante la construcción de una autopista, lo que obligó a cambiar su trazado. Es un típico anfiteatro romano, construido en el siglo II, cuando Trimontium (Plovdiv), estaba en su máximo apogeo.

Teatro Romano


Ya de noche bajamos por Knyaz Alexandar I, una avenida peatonal, amplia, llena de comercios y en esta época adornada de Navidad con muy buen gusto. Esta avenida desemboca en la Plaza Central, donde se encuentra el inmenso edificio del Ayuntamiento y la aún más colosal Oficina Central de Correos.
Hace cada vez más frío, así que optamos por volver atravesando los Jardines del Zar Simeón hasta nuestro hotel. Más tarde bajamos a encargar una pizza, una misión para nada sencilla a pesar de ser las 20:00, puesto que en más de un lugar nos dicen que la cocina ya está cerrada. Finalmente, en un bar, una camarera muy simpática convence a la cocinera, al principio reacia, de que nos prepare un par de pizzas para llevar.

Estadio Romano y Mezquita Dzhumaya

La aventura continua en dirección a Tryavna

BULGARIA EN INVIERNO - Camino de Plovdiv

4 de Enero de 2015



Bajamos a desayunar, hoy toca coger el coche. El dueño del hotel nos trae esta vez con la mermelada, el queso y el yogur, una especie de pastel tradicional de muchas capas que intercala masa y queso llamado banitsa.  Como se dice en Uruguay: nos partimos la boca. Tras dejar todo pagado y despedirnos de nuestro anfitrión arrancamos. Pasaríamos todo el día en el coche.

1ºC ¡Qué calor!


Tomamos el camino a Gotse Delchev primero y Smolyan después. A mitad de camino paramos a comer en un hotel-restaurante de Borino. Mientras nos calentamos con un plato de cordero muy jugoso vemos como unas sospechosas nubes comienzan a cubrir el cielo. Poco después de retomar el camino empieza a nevar, casi ininterrumpidamente, hasta que tomamos el desvío a Plovdiv. La nieve da un toque todavía más especial al recorrido, que debe ser por sí mismo uno de los más hermosos del país, bordeando el río Shirokolashka entre empinadas formaciones montañosas cubiertas de abetos.


Llegamos a Plovdiv cuando ya es de noche, es decir, a las 18:30. Nuestro hotel, en la calle Ivan Vazov, es relativamente fácil de encontrar, puesto que se llega tomando un desvío en el bulevar Boris III, que atraviesa el casco antiguo.



En My GuestRooms un hombre muy simpático nos hace elegir entre dos habitaciones: una muy amplia u otra menor, pero con terraza. Puesto que no tenemos tiempo (en ninguno de los sentidos) para disfrutar la terraza vamos de cabeza a la habitación grande. Luego nos deja aparcar el coche en su garaje particular, para así evitar tener que pagar el parquímetro el día siguiente, y nos ayuda a subir la maleta pesada a través de las estrechas escaleras. En las camas, infinitamente mejores que las del hotel anterior, dormimos perfectamente. 



En el siguiente post la visita a esta preciosa ciudad de Plovdiv 

BULGARIA EN INVIERNO - Melnik y Monasterio de Rozhen

3 de Enero de 2015



Nos levantamos temprano, preparamos las cosas y bajamos la escalinata de piedra de al lado de nuestro hotel. El hotel no tiene en sí recepción. En su lugar tiene una pequeña tienda y al lado una tradicional y acogedora mejana donde sirve el mismo hombre que nos enseñó la habitación la noche anterior. Nos reconoce al entrar y con una amplia sonrisa nos indica que nos sentemos. 

Complex Mario


¿Café o té? En unos minutos viene con un plato con tres tortafritas para cada uno, un recipiente con mermelada de arándanos, un enorme pedazo de queso sirene y un bol con yogur agrio. Gesticulando nos indica que mezclemos las cosas. Le contesto en ruso y se le ilumina la cara. Su madre era rusa y él habla un poco el idioma. Me recomienda que visitemos el Monasterio de Rozhen, cercano al pueblo, y la Casa Kordopulova. ¡Pues vamos allá!

Paradita para hacer fotos


El paisaje de camino al monasterio es fantástico. Una vez allí las vistas de las peculiares formaciones rocosas de la zona son una delicia. De camino vemos a muchos ancianos subiendo, puesto que se trata más de un lugar de culto que de una atracción turística.

Monasterio de Rozhen


El Monasterio de Rozhen, fundado en 1220, se trata de una iglesia, la del Nacimiento de la Santa Virgen, rodeada por una estructura hexagonal en forma de fortaleza. Su arquitectura es mucho más sencilla que la de Rila. A la misma entrada hay un mural muy interesante que recrea una escalera por la que ascienden los hombres, a su derecha los ángeles les ayudan a subir y a su izquierda los demonios intentan hacerlos caer y arrojarlos a las fauces de un monstruo. Es claramente la representación del camino iniciático. 

Fresco a la entrada de la iglesia


La iglesia tiene una sala que la antecede, donde los fieles dejan las famosas velas (así consiguen mantener los frescos del interior intactos). Una puerta a mano derecha da paso a la iglesia. A los lados, dos filas de asientos para los monjes puestas una frente a la otra. Unas pequeñas ventanas con unos maravillosos vitrales iluminan el iconostasio, de una maestría admirable. Somos los únicos turistas, y a la salida vemos a un grupo de feligreses hablando con un monje. Merece la pena dedicar algo de tiempo a deleitarse con los detalles del lugar tanto del interior como de los patios.



         Una vez de regreso a Melnik comenzamos a subir por la calle que bordea al río Rozhenski, afluente del Melnishka, que pasa en un lateral. El ayuntamiento moderno y las diferentes "kûshtas", o casas, que ahora son mejanas, se suceden una tras otra. Al lado del puente está el konak, el ayuntamiento otomano, antaño un bellísimo edificio y hoy una ruina que lucha por no venirse abajo.          Casi al final del pueblo, atravesando los restos de la destruida iglesia de Santa Bárbara, de la que los habitantes han hecho un pequeño altar, se llega a la Kordopulova Kûshta, una casa de 1754 de estilo del renacimiento búlgaro elevada sobre unos muros de piedra y construida sobre la mayor "izba" (bodega) de la población, que serpentea por el interior de la colina. 

Casa Kordopulova


          Por 3lv puedes contemplar las forma de vida de las clases medias de esta zona de Bulgaria, pasear por los túneles de la izba entre barriles y degustar una copa de vino, dulce o seco, a elegir. Quien conozca Turquía podrá apreciar la influencia que esta nación tuvo sobre Bulgaria durante los casi cinco siglos de ocupación otomana. Las ventanas son de inconfundible estilo oriental y el uso de sillones a baja altura y alfombras por doquier hacen sospechar que el "Resurgimiento Nacional" no pudo lograr las independencia total de una un país con una cultura muy fuerte de la que los búlgaros bebieron durante generaciones. Quizás lo más interesante sea la cámara secreta, escondida tras una librería, que se encuentra en el comedor. Al acabar la visita compramos en la bodega dos botellas de vino de la zona.

Interior de la Casa Kordopulova


         Tras comer en una maravillosa mejana dedicamos la tarde a exprimir lo más posible este pequeño pueblo. Recorrimos el paseo que bordea al río Melnishka, subimos hasta la poco accesible iglesia de los santos Petûr y Pavel, etc. Por las noche cenamos en otro de los restaurantes típicos, esta vez al otro lado del río. 




Nuestro recorrido sigue rumbo a Plovdiv