sábado, 13 de junio de 2015

Bulgaria para vegetarianos


Como vegetariana y viajera, siempre me pregunto si encontraré dificultades a la hora de comer en el país que voy a visitar. Si este es tu caso, aquí te dejo mis impresiones y mi experiencia sobre Bulgaria. 
Como no tenía idea sobre gastronomía búlgara, antes de salir, como de costumbre, estuve buceando en internet en busca de platos búlgaros libres de carne. Para mi sorpresa, encontré unos cuántos. Eso sí, si eres vegano, has de tener en cuenta que muchos platos de la cocina de este país se preparan con yogurt o con queso sirene. Pero así y todo, seguro que encontrarás opciones a tu medida. 

Tursu

Los desayunos suelen ser copiosos e incluyen pan, aceite de oliva, yogurt, queso, mermelada, café o té, que no suelen servir con leche salvo que lo pidas expresamente. Probé también una especie de tarta hecha con masa filo puesta en capas y rellena de sirene, una exquisitez, aunque muy pesada. 
El pan me resultó especialmente rico. Lo sirven casero, preparado al momento y generalmente condimentado con ajo y perejil, o con un condimento propio de allí llamado sharena sol, que me encantó y del que me traje dos frascos. 
Hay sopas de verduras y de legumbres (sobre todo de alubias blancas) y también una sopa fría de yogur y pepino llamada tarator, especial si vas en verano. Nosotros viajamos en invierno y la verdad, la sopa caliente resultaba reconfortante. Yo, para curarme en salud, preguntaba antes de pedir si el caldo de la sopa no llevaba nada de carne o pollo y sólo en una ocasión me encontré con un saborcito que me hizo sospechar llevaba algo más. No tuve que devolverla. Se la tomaron mis compañeros de viaje. 
En cuanto a ensaladas, encontrarás variedad y buen sabor. Por ejemplo la shopska hecha a base de tomates, pepinos, cebolla y olivas. 
El mish-mash es un revuelto de huevos y verduras. En algunos restaurantes le ponen trozos de carne pero suele haber la versión de sólo verduras casi siempre. 
Lyutika es un plato tradicional popular. Se compone de una variedad de vegetales salados o troceados. La preparación básica consiste en pimientos horneados, tomates, ajo, cebolla y aceite vegetal usualmente pisados con un mortero.  Habitualmente se agrega perejil picado. Se sirve frío.
El tursu es un plato de verduras variadas encurtidas que se sirve generalmente como acompañamiento, pero que puedes pedir sólo y es muy sabroso. 
También puedes pedir parrilladas de verduras o verduras al horno. Yo las comí en varias ocasiones. 
El sarmi son unos rollos rellenos de arroz envueltos en hojas de col y guisados en una salsa de tomate (una variante del sarmale rumano). Los hay con carne y arroz pero también son comunes con arroz sólo. 
Si comes huevos hacen también muy ricos omelettes bien especiados o con queso sirene si lo pides. 
El ogreten es una especie de pastel de patatas al horno. 
Halva es un dulce hecho a base de pasta de sémola. 
El garash es un pastel tradicional de nueces y chocolate. 

El idioma es un problema, porque salvo en lugares turísticos (y Bulgaria no es muy turística) la gente no habla inglés (si hablas algo de ruso lo tendrás más fácil), pero siempre puedes hacerte entender por el idioma universal de las señas o los dibujitos en papel. En cuanto lo consigues, en cualquier lugar se desvivirán para atenderte y ofrecerte opciones a tu gusto. A mí, en varias ocasiones me prepararon platos fuera de la carta y siempre con mucho esmero. 
La mayoría de las personas mayores habla el ruso, y casi todos lo entienden perfectamente. Aquí tienes un par de frases en ruso que pueden servirte de ayuda si quieres llevarlas escritas o aprender a pronunciarlas: 

Я не ем ни мясо ни курицу ни рыбу – No como carne, pollo ni pescado. 
Ya nye yem ni myasa ni kuritsu ni ribu.

Я вегетарианец – Soy vegetariano. 
Ya veguetarianets

Я вегетарианка – Soy vegetariana. 
Ya veguetarianka




jueves, 11 de junio de 2015

Turquía para vegetarianos


Como vegetariana y viajera, siempre me encuentro con la incertidumbre de cómo será comer en el país que voy a visitar. Si este es tu caso, aquí te dejo mis impresiones y mi experiencia sobre Turquía. 
En algunos foros de internet se insinuaba que sería un país complicado para los que no comemos carne. Sin embargo tengo que decir que me encontré con mucha variedad en los platos turcos. 
Para los veganos, como en casi todas partes del mundo, las dificultades serán mayores, pero en mi caso, que aún tomo lácteos y alguna que otra vez huevos, la oferta gastronómica es amplia. No obstante, si eres vegano, no te preocupes, que no tendrás que sobrevivir a pan y té. 



Para empezar, en cualquier ciudad o pueblo, la fruta y la verdura son muy sabrosas, se pueden comprar zumos naturales, frutos secos, dátiles y pasas en casi cualquier establecimiento y a precios muy razonables. 
Además en los puestos callejeros puedes encontrar castañas y mazorcas de maíz asadas. En cualquier kiosco de kebabs puedes pedirlo de falafel en lugar de carne, o de queso si lo comes y eres capaz de soportar los quesos fuertes (para valientes). 
Los desayunos típicos suelen incluir té, pan, pepino, tomate, miel y mermeladas, dátiles o ciruelas pasas, aceitunas, nueces, y para los que lo coman, omelettes y quesos. Los turcos no lo toman en el desayuno pero si lo pides te servirán café. 
Los Lokanta (restaurantes de comida casera) tienen los platos a la vista, por lo que siempre puedes fijarte lo que lleva y no pedir a ciegas. Las ensaladas son muy variadas y ricas. También hay humus que es exquisito. Hay platos con judías verdes, con berenjenas y con champiñones. 
Yo, como casi siempre, me hice una lista de platos turcos vegetarianos y a unas malas, sacaba la lista y la enseñaba al camarero. Aquí te dejo algunos platos para que te sirvan de ayuda pero hay más en internet si buscas con paciencia: 

  • La Çoban Salatası o ensalada choban es una combinación de tomates finamente cortados en rodajas de forma de medialuna o cubos, pepino, cebolla, pimientos verdes y perejil. El aliño consiste por regla general en una mezcla de zumo de limón, aceite de oliva y sal.
  • El arroz (dolma) se usa para hacer tomate y pimientos rellenos. 
  • El meze es una selección variada de aperitivos que suele ir acompañado de una bebida alcohólica, como el raki, y en la que hay muchos preparados con productos vegetales, como berenjenas, tomates, pepino… 
  • Domates es una sopa de tomate. 
  • El tarhana consiste en granos de trigo ligeramente molidos (o reducidos a harina),  yogur y verduras fermentadas y secas. 
  • El bulgur pilavı es un acompañamiento a base de un cereal sustituto del arroz y que suelen cocinar solo con especies, aunque a veces pueden servirlo acompañado de verduras o carne. 
Siempre puedes pedir etsiz (sin carne) o decir Ben vejeteryanım (yo soy vegetariano)
En general son muy amables y si la carta no está en inglés ni tiene fotos, en la mayoría de los sitios te enseñarán los platos para que puedas verlos antes de pedir. 




TURQUÍA EN DIEZ FRASES



1.       Banderas e imágenes de Atatürk por doquier.


2.       Kumkapi huele  a pan, Karaköy a pescado y Sultanahmet a tulipanes.

Karaköy

3.       Siéntate en un parque y acaricia a un gato… o a diez.


4.       Si sobrevives al tráfico de Estambul ningún lugar del mundo te supondrá un reto a no ser que decidas conducir en la India.


5.       Cada hora y media una parada para un té.


6.       Italianos, siento deciros que el mejor helado de mi vida lo tomé frente a Santa Sofía.


7.       Tanta belleza y diversidad cultural que ya no volverás a ver el mundo con los mismos ojos.


8.       Reciclas una botella de plástico y le das de comer a un perro callejero.


9.       En Rusia el ajedrez, en Turquía el tavla (backgammon).


10.   No imaginé un idioma tan endiabladamente difícil y que a la vez sonase tan bonito.



11.   Imposible definir a Turquía en diez frases ;)

¿POR QUÉ TURQUÍA?




Para que visites Turquía seguramente no necesitarás que nadie te de argumentos. No obstante aquí te dejamos nuestras razones PARA VOLVER.

Alto para un té. Aprovecho a ojear la guía

  • Por Estambul. Probablemente la ciudad más bella y vibrante del mundo.
  • Por su cultura. Una mezcla perfecta entre Oriente y Occidente.
  • Por la historia. Su pasado aglutina un crisol de culturas diferentes: griega, romana, bizantina, otomana y, finalmente, la República Turca moderna.
  • Por los baklavas y las especias… Y por el té, por el café, las mazorcas de maíz asadas, por los helados, por las delicias turcas… en fin, por una gastronomía difícilmente igualable.
  • Por Pamukkale. Parque nacional que no falta en ninguna lista que nombre los lugares más bellos del mundo.
  • Por Troya. Por lo que se siente al pisar sobre ruinas de una ciudad con tantísima historia.
  • Por las mezquitas. Turquía aglutina una cantidad enorme de mezquitas que compiten entre ellas en belleza y grandiosidad.
  • Por los paisajes marcianos de Capadoccia. Por desgracia esta vez no los visitamos, pero seguro lo haremos. 
  • Por la cercanía de la gente. Estar sentado tomando un té y que cualquier lugareño se te acerque a conversar, a preguntarte de dónde vienes, dónde has estado, a recomendante lugares e incluso a contarte cosas de su propia vida.
  • Por Atatürk. ¿Conoces a alguien en la historia que en unas elecciones haya ganado TODOS los escaños del parlamento? Pues ese es Atatürk: un héroe omnipresente en cada ciudad, cada pueblo, cada calle, cada comercio e incluso cada casa.


TURQUÍA - DÓNDE DORMIR


Estambul: Tom Square Boutique Hotel

Se encuentra en el céntrico barrio de los pescadores, “Kumkapi”. Quizás está un poco alejado de la estación más cercana del tranvía, distancia que se acentúa por la pendiente de las calles.
Por fuera parece un edificio muy sencillo, pero dentro es muy acogedor. Se trata de una casa tradicional otomana del siglo XIX en la cual, por desgracia, no tuvimos el placer de alojarnos a causa de un error de la compañía de reservas (que no del hotel). Tuvieron que reubicarnos en un edificio cercano con las mismas comodidades pero menos encanto: Volare.


El edificio donde nos alojamos, a 50 metros escasos del hotel mismo, constaba de distintos apartamentos, para más o menos huéspedes, con cocina americana, salón con televisión, baño privado, calefacción, aire acondicionado, wi-fi, bien amueblados, muy cómodos y muy limpios.
En la cafetería del edificio principal (en el que en principio habíamos planificado pernoctar) nos sirvieron un exquisito desayuno que incluía varios quesos, pepino, tomate, miel, te turco, pan, aceite de oliva (no sé si sería de producción nacional pero era muy sabroso)…, pero que podías complementar si lo deseabas con café, leche, mermelada y mantequilla.
El personal fue sumamente atento. La mujer que nos recibió tarde por la noche no hablaba absolutamente nada de inglés y se comió el marrón de que no encontraba nuestra reserva. Mientras intentaba solucionarlo nos comunicamos utilizando el traductor de Google de su ordenador.



Precio por habitación triple tres noches: 177€ (desayuno incluido).


Pamukkale: Bellamaritimo

Está ubicado a 400 metros de la entrada del parque natural, dentro mismo del pueblo de Pamukkale, que es muy pequeño. El edificio de cuatro plantas alberga unas habitaciones con baño privado, cómodas pero no lujosas. De hecho el hotel da la impresión de estar bastante venido a menos. Nuestra habitación constaba de una cama de matrimonio y sofá-cama. Cada planta tiene su propia conexión a Internet, aunque la nuestra no iba muy bien


A la entrada tiene, a mano derecha, un parking privado, y a la izquierda del hall, la piscina y el jardín donde hay una barra de bar, mesas y sillas donde te sirven el desayuno y unos cómodos sofás al estilo turco ideales para relajarse por la noche tomándote un té. Nosotros lo hicimos en una ocasión, pasamos un buen rato charlando con uno de los trabajadores que se sentó a compartir con nosotros. Cuando fuimos a pagar nos dijeron que el té estaba incluido en el servicio del hotel. ¡Barra libre de té!
El personal, muy atento y amable, nos recomendó un supermercado barato donde comprar (que cuando lo visitamos nos dimos cuenta que estaba regentado por los mismos dueños del hotel) y un restaurante alejado de la zona turística en el que cenamos muy bien y a muy buen precio.



Precio por habitación triple dos noches: 65€ (desayuno incluido).


Troya: Varol Pansiyon

                Por alguna razón hemos perdido las fotos de este lugar, pero desde ya os lo recomendamos encarecidamente. Se encuentra en el pueblo de Tevfikiye, cerca del yacimiento de Troya. Está regentado por un hombre mayor que no habla ni una palabra de inglés pero que habla muy bien alemán, ya que según nos contó vivió años en ese país. La amabilidad turca personificada: tan pronto aparcamos el coche en la puerta se acercó a recibirnos. Las primeras palabras que intercambiamos fueron:
                _ Sprachen Sie Deuscht? (¿hablan alemán?).
                _ Ich spreche ein bisschen (un poco).
                Tiene una casa grande de dos plantas situada al lado de un pequeño supermercado y justo enfrente de la mezquita del pueblo, por lo que a las seis de la mañana te pondrás en marcha con la primera llamada a la oración. En la parte de arriba nos alojamos en un pequeño apartamento, muy limpio y bien arreglado, de dos habitaciones con baño, una cocina americana y un salón con televisión, pero sin conexión a Internet.  A los pies de mi cama un retrato enorme de Atatürk. Antes de acostarnos nos ofreció meter el coche en el patio de su casa.
                Sólo pasamos una noche camino de Estambul.
                El hombre nos preguntó a qué hora nos servía el desayuno y a la mañana siguiente nos esperó con la mesa puesta en una terraza grande de nuestra planta y se sentó con nosotros a conversar. Más que atender a unos huéspedes parecía que estaba agasajando a unos invitados. Nos contó sobre su vida en Alemania, nos preguntó de dónde veníamos y a qué nos dedicábamos. Cuando le dijimos que ese día cruzaríamos en ferri el estrecho de los Dardanelos rumbo a Gallípoli nos apuntó claramente qué ferri debíamos tomar para hacer el camino más directo, lo que nos ahorró mucho tiempo.
                Al irnos nos despidió como si en lugar de una noche hubiéramos pasado una semana. Me regaló un rosario islámico que aún conservo y nos hizo adiós con la mano desde la puerta. Si hay una próxima vez seguro nos quedaremos más días.

Precio por habitación triple una noche: 110 TL (desayuno incluido).


Estambul: Hostel Caupo (actualmente Twins Rooms Hostel)

                Encontrarlo no resultó fácil. Está en un callejón del barrio de Karaköy a 400 metros del Puente Gálata y la zona en principio no es muy bonita, aunque a la mañana siguiente recorriendo el barrio nos pareció mucho más agradable. Llegamos de noche y el callejón donde se encuentra es muy solitario y no está iluminado. Tras preguntar a un camarero que estaba recogiendo las mesas de una terraza lo encontramos. La única señal de que allí estaba era un folio DIN-A4 pegado a una ventaba boca abajo en el que se podía leer el nombre.
                Llamamos tres o cuatro veces al timbre pero nadie abrió la puerta. Cuando ya pensábamos que íbamos a tener que salir a buscar un sitio donde alojarnos a esas horas uno de los inquilinos salió y aprovechamos para entrar. Bajando una escalera de caracol encontramos al recepcionista en una pequeña oficina atestada de papeles en un rincón de la sala común acompañado de varios huéspedes de nacionalidades diversas.
                Fue el único hotel en el que nos pidieron una fianza, que dejamos en dólares (creo recordar que fueron 40$).

Callejón en cuestión por la mañana

                La habitación de la primera planta era moderna y colorida, con un acogedor  suelo de tarima de madera. A simple vista parecía muy limpia, pero cuando tuvimos que mover una de las camas para recoger algo que se nos había caído encontramos restos de anteriores huéspedes: papeles de caramelo, entradas varias y restos de “una picada”: patatas, cacahuetes… El baño sin embargo, a pesar de ser compartido con la otra habitación de la planta, estaba siempre muy limpio.
                ¿Lo recomendaríamos? Pues con muchas dudas. Únicamente por la cercanía a los sitios de interés de la zona norte del Cuerno de Oro: Torre Galata, Istiklal Cadessi, Plaza Taksim, Puente Galata…


Precio por habitación triple dos noches: 108€ (sin desayuno).

TURQUÍA - CURIOSIDADES Y CONSEJOS


La ciudad de los gatos

No tardarás mucho en darte cuenta de que el gato es el animal omnipresente en la ciudad de Estambul. Los hay a miles por todas partes: a las puertas de los comercios, en los jardines de las mezquitas, en los parques, en el puerto… Sin embargo, lo más impresionante es la simbiosis que, con los años, se ha creado entre este animal y el pueblo turco.

A sus anchas entre restos del Museo Arqueológico

El gato siempre ha estado presente en la cultura islámica. De hecho Mahoma tenía una gata llamada Muazza a la que cogió tanto cariño que afirmó que entraría con él en el Paraíso. Siglos después, cuando Estambul era todavía Constantinopla, estos felinos volvieron a tener el protagonismo. En la Edad Media los gatos fueron acusados por la Inquisición de ser seres diabólicos, dando comienzo a su matanza indiscriminada. No fue así en la ciudad del Bósforo, donde el recio brazo de los inquisidores no llegaba. Cuando en el siglo XIV las ratas trajeron a Europa la peste negra sólo se las pudo parar en una ciudad repleta de gatos como era Constantinopla.

Echando una siesta en Karaköy

Una vez bajo poder otomano, los gatos siguieron siendo el centro de atención de la sociedad. Era el animal de compañía por excelencia y cientos se paseaban con total libertad por los jardines del Palacio Topkapi.
A día de hoy la adoración por estos animales no ha decaído. Paseando por la ciudad puedes ver ancianas sacando cuencos con comida a sus puertas, pescadores compartiendo los restos de su captura con ellos e incluso carteles pidiendo a los vecinos que en verano pongan en las calles recipientes con agua para evitar que estos queridos animalitos se deshidraten.

Pidiendo comida en un aparcamiento de Gallípoli

¿Y qué pasa con los perros? Pues sí, en Turquía en general hay numerosísimos perros callejeros. La mayoría de ellos muy dóciles y confiados, acostumbrados a recibir el cariño de la población local. Incluso se han instalado máquinas que suministran pienso también para perros a cambio de botellas de plástico.



Visitar las mezquitas

Estambul vista desde el horizonte parece una sucesión infinita de minaretes. Es impresionante la cantidad de mezquitas que hay a lo largo y ancho del país y, en particular, de esta ciudad. Y es que si hay algo que visitaréis en vuestro viaje a Turquía serán mezquitas. Los turistas pueden acceder a todos los templos del país sin excepción. Los interiores se pueden fotografiar sin problemas y la entrada es completamente gratis, aunque si queréis dejar una colaboración encontraréis una caja de donativos en la entrada.

Mezquita Azul

La forma de entrar a visitar una mezquita dependerá de lo turística que esta sea. En la Mezquita Azul, Süleymaniye, Yeni Camii, etc., deberéis acceder por una entrada exclusiva para turistas. Una vez dentro tendréis que quedaros tras una valla de madera que separa la zona de los visitantes de la de los practicantes.
Si, por el contrario, queréis ver por dentro una mezquita poco frecuentada por turistas es probable que debáis preguntar a alguno de los trabajadores de la misma (vigilantes, limpiadores…) si se puede visitar. Con casi total seguridad no sólo os abrirán las puertas solamente para vosotros, si no que se sentirán orgullosos de que un foráneo se interese por su humilde casa de oración y, quién sabe, a lo mejor os cuenta algo interesante sobre ella.

Minarete de Süleimaniye

Una vez dentro yo recomendaría que os olvidaseis de la forma “estándar” de visitar una iglesia. Esto es, pasearse tranquilamente observando la decoración de las paredes y las imágenes religiosas. En este caso yo buscaría un sitio tranquilo donde sentarse en la alfombra para poder observar todo con total tranquilidad y disfrutar de la paz que se respira dentro.
En cuanto a las normas de vestimenta creo que son harto conocidas. No se pueden descubrir hombros ni piernas y las mujeres deberán cubrirse el cabello. Es algo puramente simbólico, por lo que una bufanda estratégicamente colocada puede compensar la falta de un pañuelo mejor. En cualquier caso, en la entrada de las grandes mezquitas se ofrecen prestadas prendas adecuadas para la ocasión.

Antigua fuente de abluciones de Santa Sofía

Por último, una sugerencia a los futuros visitantes. Los musulmanes antes de orar, tanto en un templo como en su casa, llevan a cabo el ritual de la ablución. Esto es, lavarse la cara, brazos y pies. Las mezquitas tienen unas fuentes (en ocasiones maravillas arquitectónicas en sí mismas) para llevar a cabo esta práctica. Los no turistas no tienen por qué hacerlo pero sería propicio que tuvieran en cuenta que después de caminar por toda la ciudad, una congregación importante de guiris en calcetines puede ser algo poco agradable para los sentidos. Por lo tanto, como yo lo veo hay dos opciones: o entrar descalzos tras lavarse los pies o llevar siempre un par de calcetines limpios en la mochila sólo para entrar a estos lugares.



Dios no estará en todas partes, pero Atatürk sí

Si me dices que has estado en Turquía y todavía no sabes quién fue Atatürk me estás mintiendo: nunca has estado. Desde el momento en que uno pisa Estambul se encontrará con un colosal Aeropuerto Atatürk y una vez fuera de aduanas verá una enorme imagen de un hombre veterano con bigote, traje y un gran fez de piel. No hay que ser muy listo para sospechar que se trata de un personaje importante.

Collage realizado con pequeñas fotos suyas en Gallípoli

Una vez comiences a caminar por las calles de la ciudad verás carteles con su rostro por todas partes, en casas particulares, comercios, etc. Bordeando una escuela observarás un enorme busto blanco de esta persona y una vez en carretera es posible que os adelante algún coche con una foto suya en su cristal trasero. Pero no queda ahí la cosa. En la entrada de algunos pueblos veréis imágenes de Atatürk rodeado de una bandera turca, carteles similares colgando de las farolas sin ningún sentido aparente y, quién sabe, es posible que durmáis en una casa de invitados en una cama bajo el retrato colgante del susodicho personaje. Esto último lo cuento por experiencia propia.

Coche patriota aparcado en Pamukkale

Pues sí, es alguien no solo importante, si no muy querido por el pueblo de Turquía. Y es que Atatürk fue no sólo el héroe nacional, sino también el primer presidente del país.
Sus andanzas comienzan en la Primera Guerra Mundial, cuando lidera como paşa (comandante) la defensa de Gallípoli, en la que un decaído Imperio Otomano dio una paliza al todopoderoso Ejército Británico. Tras la Gran Guerra Turquía pasó a ser una colonia de Reino Unido y Grecia, por lo que él se convirtió en líder de la Guerra de Independencia, que terminó con la proclamación de la República de Turquía en 1922.

Estatua en el Monumento a los Mártires

Desde ese momento y hasta su muerte en 1938 llevó a cabo una serie de reformas que convirtieron a un decadente imperio en una república moderna. Abolió la monarquía y el califato, llevó a cabo una campaña de laicismo y alfabetización que culminaron con la adopción del alfabeto latino, instauró el sufragio femenino antes que países como Francia, Italia o Japón, etc.
Murió el 10 de noviembre de 1938 a las 9:05. Desde entonces, todos los aniversarios a esa hora los coches se detienen en las calles y tocan el claxon, los barcos las sirenas, las mezquitas suenan a todo volumen y la gente se pone de pie, en la calle o en sus casas, en un espectáculo sin parangón en el mundo.



Se puede conducir en Turquía y vivir para contarlo

No, no falta ningún signo de interrogación. Conducir por Turquía no es ninguna locura, como muchos pensarán. Vale, lo admito, Turquía no es Alemania y, sobre todo en Estambul, quien está montado en un coche parece olvidar el significado de los semáforos e intermitentes. Sin embargo, saliendo de esta ciudad, cualquier conductor con un mínimo de experiencia será capaz de desenvolverse sin problemas por las carreteras a lo largo y ancho del país.
A la pregunta de ¿merece la pena alquilar un coche en Turquía? La respuesta, a no ser que lo queráis para moveros dentro de Estambul, es un rotundo sí. Por varias razones.

Nuestro coche en Assos

Para empezar, alejarse de la architurística Sublime Puerta (nombre poético por el que se conoce Estambul) es la mejor forma de acercarse a la Turquía verdadera, a sus paisajes, pueblos, gente y cultura.
En cuanto a las alternativas de transporte, hay una gran oferta de autobuses y trenes entre las ciudades principales, pero en cuanto quieras alejarte de los grandes núcleos de población la cosa se complica. Nosotros queríamos conocer el Parque Natural de Pamukkale, en el interior de la Turquía occidental; el pueblo de Assos (Behramkale, en turco), en la costa del Egeo; las ruinas de Troya; y los numerosos puntos de interés a lo largo de la península de Gallípoli. Todo eso en cuatro días, algo completamente imposible si hubiéramos realizado los traslados en autobús. Además, la libertad de poder parar a tomar un té en cualquier pueblo o a sacar fotos en algún mirador siempre es algo que nos atrae.

Camino de Pamukkale

Referente a los precios, en temporada alta no tendréis dificultad de conseguir un coche (en nuestro caso un Fiat Linea, un modelo mucho mayor que el que acostumbramos a alquilar) por unos 30€ al día, incluso menos. Ya sólo por las noches de hotel extra que hubiéramos tenido que pagar si hubiéramos viajado siempre en transporte público merece la pena.
Eso sí, a todo esto deberéis añadirle un gasto bastante alto: la gasolina, que en el país ronda los 1,6€ el litro. Es uno de los precios más altos del mundo, aunque todavía se encuentra algo lejos de los 2€/litro de Noruega. Considerando que las distancias son enormes, deberéis tener en cuenta este gasto.

Bordeando el Mar Egeo

En cuanto a la conducción, existen dos mundos: Estambul y el resto del país (desconocemos si en Ankara el tráfico es similar al de Estambul). Un trabajador de nuestro hotel en Pamukkale nos dijo: Yo nunca voy en coche a Estambul, allí los conductores están locos. De hecho, nuestro periplo para salir de Estambul fue una aventura en sí misma.
Uno de los trabajadores de la empresa de alquiler condujo el coche hasta la salida del garaje del aeropuerto. Entonces le preguntamos cómo ir a Ankara, puesto que el desvío que debíamos tomar estaba a lo largo de esa carretera. Tras las indicaciones nos pusimos en marcha. Además de los numerosísimos coches, los cambios bruscos de carril sin previo aviso ni señalización, los continuos pitidos y demás caos, citaré una anécdota cuanto menos curiosa: en el momento de incorporarnos a la autovía de salida de Estambul con destino a Ankara entre el desmesurado tráfico y con un atasco de proporciones bíblicas nos topamos de improviso con un vendedor de plátanos. Sí, habéis leído bien. Un vendedor en medio de la autopista que se paseaba entre los coches que se incorporaban ofreciendo sus productos a conductores y acompañantes. Os podéis imaginar el susto de encontrar un peatón en medio de la autopista, algo a lo que nosotros no estamos acostumbrados.

A ver si siguiendo a esta ambulancia salimos de Estambul...

Por lo demás las autovías son de gran calidad, bien señalizadas, perfectamente asfaltadas y seguras. Vamos, que no supusieron ningún reto. Las carreteras primarias y secundarias nos las encontramos (en verano de 2013) o recién renovadas o en proceso de renovación, también muy “europeas” y bien provistas de gasolineras cada pocos kilómetros y puntos de descanso.
El único tramo que resultó una aventura casi surrealista fue una carretera secundaria (o terciaria) casi llegando a Pamukkale, ya de noche, que por encontrarse en obras tenía nuestro carril lleno de montones de arena y material de construcción. Pero no durante un tramo pequeño, durante varios kilómetros, lo cual nos obligaba a conducir contramano, por una carretera estrecha y TOTALMENTE A OSCURAS. 


Tranquilo, no pasarás hambre

Hay países, como España. India, China o Marruecos, que poseen una cultura gastronómica que en sí mismo podría considerarse patrimonio de la humanidad. Turquía es uno de esos países. Su gastronomía toca todos los aspectos de la cocina y es tan amplia y variada que podría dedicarse un blog entero sólo a hablar de ella. Aquí intentaré describirla lo más brevemente posible.
Lo primero que hay que saber para comprender las delicias de comer en Turquía es la calidad de sus productos. Sus frutas y verduras, por ejemplo, tienen un sabor que en España, el país en donde resido, no se podría ni imaginar.

Kahvaltı

El desayuno, llamado kahvaltı, es abundante y variado. Incluye dulces y salados. Desde queso, aceitunas, tomate y pepino con aceite de oliva hasta tortilla francesa, huevos duros, pan con miel y gözleme (crêpes turcos de espinaca y queso). Kahvaltı en turco significa “antes del café”, ya que en los países de Oriente Próximo es costumbre tomar café a media mañana mientras se prepara el almuerzo. El kahvaltı por lo tanto no se acompaña de café, si no de té, y en grandes cantidades.
Si crees que nada podrá superar a tu desayuno entonces espera la hora del almuerzo. Mis dos platos favoritos son el “testy kebab”, un guiso de carne que se cocina en un recipiente de barro que se rompe al servir, y el lüfter o pescado del Bósforo, cocinado de diversas formas (los mejores los sirven en Kumkapi). A medida que te vayas moviendo por el país encontrarás una enorme variedad en la cocina, pero no te preocupes, todo te sorprenderá para bien.

Testy Kebab

Una buena forma de terminar una comida es con un café turco, uno de los más exquisitos del mundo, en el que el azúcar se incorpora durante la preparación. Cuidado, se sirve con borra, así que no lo apures hasta el final. El café siempre lo podréis acompañar con unas delicias turcas o los famosos baklavas (consejo: tampoco os paséis comiendo dulces, que el redactor de este blog sufrió ataque al hígado al comerse media caja de baklavas a la vuelta).
Junto al té y al café hay tres bebidas estrechamente ligadas a Turquía. El ayran, una bebida compuesta de yogurt, agua y sal muy refrescante. El raki, un anís de unos 50% de origen bizantino conocido por su blancura como “leche de león”. Suele acompañar a las cenas y nunca se toma sólo, si no que se acompaña de otro vaso con agua. Y por último, la cerveza Efes. Puede sorprender que un país mayoritariamente musulmán produzca una cerveza de tanta calidad. Sin embargo, os equivocaríais si pensarais que es una bebida exclusiva para extranjeros. El Islam profesado en Turquía es muy laxo, y muchos turcos no sufren remordimientos por tomarse una cerveza de vez en cuando. Eso sí, una vez abandonéis Estambul es posible que en algunos restaurantes no la sirvan.

Té en el Palacio Topkapi

No quedaría completo este post sin hablar del donduma, el helado turco. Éste es totalmente diferente a los helados de otros países, pues entre sus ingredientes se encuentra el salep, que le da una elasticidad increíble. Los heladeros los sirven realizando todo tipo de malabares y bromeando con los compradores. Todo un espectáculo.

Heladeros frente a Santa Sofía

Las señas, ese idioma universal

En Turquía no hay término medio: o hablan en inglés como si fuera su lengua materna o no son capaces de decir ni “hola”. A decir verdad, el inglés no está muy extendido como segunda lengua (menos aún fuera de Estambul) y además comparte protagonismo con el francés y el alemán, países que durante décadas han tenido una importante inmigración turca.
Si esperas ser capaz de entender algunas palabras en turco, yo que tú me olvidaría. El turco es un idioma que ha recorrido miles de kilómetros, desde las estepas de Asia Central, mezclándose con diversos idiomas con los que se iba cruzando. Teniendo en cuenta que el Imperio Otomano llegó a extenderse desde Persia y Arabia hasta Viena podemos hacernos una idea de la cantidad de idiomas de los que ha bebido durante siglos.

"Cisterna de la Basílica"

En cuanto a sus raíces, el turco comparte procedencia con idiomas tales como el mongol o el coreano. Es decir, es totalmente ajeno a Europa y el mundo árabe.
Este idioma hablado por las tribus turcomanas, tan variado y desigual según qué zonas, se cristalizó cuando, junto con el Islam, adoptaron el alfabeto árabe. La simbiosis del idioma turco y el alfabeto árabe tuvo que escuchar durante siglos las críticas de algunos intelectuales. Éstos afirmaban que la grafía árabe no era capaz de reflejar las ocho vocales de su idioma, habiendo palabras que se escribían exactamente igual pero que se pronunciaban de forma diferente.


Estos intelectuales y estudiosos de la lengua recibieron con alegría el anuncio del presidente Atatürk en el año 1928, cuando hizo saber su intención de adoptar el alfabeto latino. Así el problema de las vocales quedó resuelto con la aparición de las letras e, i, ö, ü, a, ı, o, u.
Si bien esto ayuda bastante a entender los carteles en este idioma, la pronunciación es tan endiablada que a veces cuesta reconocer las paradas de metro en los mapas de las estaciones cuando son nombradas.
Si a esto le añadimos expresiones larguísimas como teşekkür ederim para dar las gracias o görüşmek dileğiyle para despedirse llegamos a la conclusión de que casi es mejor usar las señas.

Entrada (pa' todos) del Museo Arqueológico

Las personas a las que interpeléis que no sepan inglés os contestarán amablemente con una sucesión de gesticulaciones exageradas junto a las explicaciones pertinentes en turco a los gritos. ¡Que soy español, no sordo!



TURQUÍA - Adiós Estambul

24 de Septiembre de 2013





Comienza nuestro último día en Estambul y aún nos queda ¡tanto por hacer! que el viaje se nos ha quedado corto. Nos dirigimos hacia el Puente Gálata buscando un sitio donde desayunar. 
El barrio de Karaköy, no fue construido ni por bizantinos ni por otomanos, si no que fue una colonia de la República de Génova desde 1273 hasta la Caída de Constantinopla. Su nombre genovés, Gálata, en italiano significa cuesta abajo, mientras que su nombre turco, Karaköy, quiere decir pueblo negro

Caminando por Karaköy

Caminamos hasta el puente por callejuelas empedradas y llenas de vida. Hay muchísimo movimiento: comercios, gente que va y viene ocupados en sus quehaceres, coches, taxis que al vernos mapa en manos hacen sonar sus bocinas ofreciéndonos su servicio, vendedores callejeros, limpiabotas, camareros a la caza de clientes…
Nos decidimos por un restaurante y cafetería frente al puente llamado Karaköy Özüt y nos sentamos en las mesitas de la terraza de fuera para poder disfrutar del ambiente del barrio. Mientras  desayunamos, frente a nosotros, un zapatero-lustrabotas limpia los zapatos a los transeúntes y realiza pequeñas reparaciones: zapatería ambulante. 


Tomamos té, pan, omelette, tomate, un queso hecho con leche de búfala, miel… Yo pido un plato de la carta de desayunos al azar llamado menemen (por puro espíritu aventurero) que resulta ser una especie de revuelto con huevo, cebolla, pimientos… todo muy especiado y en un recipiente metálico. 
Con las pilas bien cargadas nos dirigimos hacia la Torre Gálata. El camino, todo cuesta arriba, atraviesa un barrio pintoresco y colorido en el que los turistas nos deleitamos haciendo fotos, lleno de pequeñas tiendas con mucho encanto: teterías, cafés, tiendas de fruta, de ropa…

La Torre Gálata es una construcción circular de piedra que data del año 1348. En tiempo de los genoveses era una torre de vigilancia militar pero durante el Imperio Otomano se le dio otro uso: vigilancia contra incendios. 


En su interior funcionan dos ascensores para que los turistas puedan disfrutar de las mejores vistas de la ciudad. Sin embargo no llegan hasta arriba del todo. Las últimas plantas hay que subirlas por escalera, un ascenso bastante duro si no estás en forma. Antes de llegar a disfrutar de las ansiadas vistas deberás atravesar una tienda de regalos, un restaurante muy exclusivo con sala de fiestas, e incluso te encontrarás un pequeño estudio fotográfico en el que puedes disfrazarte con vestimentas otomanas antiguas y hacerte alguna foto acompañado de modelos disfrazadas de la época. 
Desde la terraza superior a la que se accede por unos ventanales podrás tomar una de las fotos más típicas de Estambul: el Puente Gálata con Yeni Cami y las monumentales Santa Sofía y Mezquita Azul al fondo. 


Además de numerosas fotos con encanto como los balcones y terrazas exquisitamente decorados de los edificios cercanos. 


Bajando de la torre nos topamos con un puesto de frutas frescas en el que te preparan zumo en el momento. Nos tomamos uno de granada tan puro que quema la garganta (no exagero para nada). 


Nuestro camino continúa ahora por Istiklal Caddessi (Avenida de la Independencia) una ancha peatonal por la que circula también el tranvía nostálgico, un tren turístico inaugurado en 1990 pero cuyos coches datan de la década de 1920 (tiempos de la Independencia). 


Istiklal une la Torre Gálata con la Plaza Taksim, el punto central de Estambul. Es una arteria elegante y concurrida en la que encontrarás todo tipo de tiendas tradicionales, pastelerías, chocolaterías, tiendas de música, de arte, cines, teatros, y un largo etcétera. Si te adentras en las callecitas colindantes te sumergirás en un ambiente bohemio y con mucho encanto en el que podrás tomarte un té con baklavas mientras juegas una partida de tavla (backgammon), cuyo tablero te proporcionará cualquier camarero al que se lo pidas. 
Como curiosidad, decir que en esta calle nos encontramos con la Iglesia de San Antonio de Padua, un importante templo católico en cuya entrada hay una estatua del papa Juan XXIII con la inscripción "amigo del pueblo turco".

San Antonio de Padua

La Plaza Taksim es el epicentro de la Estambul moderna y a su alrededor encuentras las tiendas y hoteles más exclusivos de la ciudad. En su mismo centro se erige el Monumento a la República, que representa a los fundadores de la misma, de los cuales destacan los dos primeros presidentes, Atatürk e Inönü. En un segundo plano aparecen también Mijaíl Frunze y Kliment Voroshilov, dos líderes bolcheviques cuya presencia en el grupo escultórico es un homenaje a la ayuda que dio Lenin a los turcos durante su Guerra de Independencia. Cabe decir también que el monumento fue financiado por mismo pueblo. 


Abandonamos la Plaza Taksim y nos dirigimos hacia el Palacio Dolmabahçe atravesando el Parque Gezi, una agradable zona ajardinada con fuentes. Recientemente (hace sólo un par de meses) fue causa de disturbios porque el Gobierno había decidido derruirlo para construir un centro comercial. Por suerte los manifestantes consiguieron impedirlo.

Parque Gezi

Entre los imperdibles de Estambul, el Palacio de Dolmabahçe es una de nuestras visitas pendientes. Quizás la más importante. Por cuestiones de tiempo no pudimos conocerlo por dentro (queríamos ir a la Mezquita de Ortaköy y al Museo Militar donde en un rato habría un concierto de una banda de jenízaros). Las vistas de fuera, con la Torre del Reloj, ya son muy prometedoras. 


Es la hora de comer y lo hacemos entre el palacio y la Mezquita de Ortaköy, en un restaurante junto al Bósforo. Según mi madre se comió ahí la ensalada más exquisita de su vida. 
Después del descanso nos damos cuenta de que nuestra elección fue la peor. La mezquita está cerrada, así que nos dirigimos al Museo Militar apurando el paso para llegar a tiempo al concierto. Pero, ¡oh, sorpresa! Cierra los martes. Así que nos hemos quedado sin palacio, sin mezquita, sin concierto y sin museo. 
Demasiado tarde para visitar Dolmabahçe nos dirigimos hacia el Puente Gálata para tomar, del otro lado del Cuerno, el tranvía hacia Sultanahmet. Queremos visitar por última vez la Mezquita Azul. 


Llegamos justo para escuchar la llamada a la oración. Esperamos a la salida de los fieles leyendo tranquilamente los textos religiosos e históricos que se exponen en el avlu. La experiencia es radicalmente opuesta a la de la primera vez. No hay casi turistas y el ambiente en el interior es de absoluto silencio y paz. 


Al lado de la mezquita, ya poniéndose el sol, recorremos el antiguo Hipódromo Romano, reminiscencia de los días de gloria de Constantinopla del que hoy sólo queda el trazado y dos obeliscos, el de Constantino y el de Teodosio. El más llamativo es el segundo, ya que fue traído de Egipto en el año 357. 

Obelisco de Teodosio

Terminamos el día y con él nuestro viaje cenando los típicos bocadillos de pescado junto al Puente Gálata.


A la mañana siguiente tomaremos temprano el vuelo de regreso a Madrid. En nuestro corazón la firme intención de volver a Estambul.